miércoles 18 de noviembre de 2009
martes 17 de noviembre de 2009
Aunque...
Le dedico este apunte, muy en especial, a mi querida Abutrí, que pa sandunguera, ella.
lunes 16 de noviembre de 2009
Tonta
domingo 4 de octubre de 2009
Nuevas Aventuras

miércoles 29 de julio de 2009
Haraganeando

Es mi última tarde en Paris y no estoy haciendo nada. Pero por esta vez, no me siento culpable, porque en todo este mes no he parado ni un minuto. Cada vez que no sabía qué hacer, no tardaba ni cinco minutos en obligarme a encontrar algo y ponerme en marcha. Solo tenía un mes y no me podía permitir el lujo de perder un instante. Un día en Paris ha sido como una semana entera en Barcelona y tengo la sensación, a pesar de lo deprisa que ha pasado el tiempo, de que no hace un mes sino un año que estoy aquí.
Ahora espero una llamada que no sé si se producirá y tampoco me importa demasiado. Saldré un rato de todos modos, a cenar algo o a tomarme una copa. Lo bueno (o lo malo, según se mire) de esta ciudad es que estar solo no es ningún estigma. Hay un montón de gente así y no es raro encontrarla en las terrazas acompañados únicamente de su cerveza y un libro. También hay mucho solitario que se ha ido totalmente de la bola, pero creo que eso es normal en las grandes ciudades. Es fácil perderse en la multitud.
No sé qué más añadir, quisiera ser muy trascendental en este momento, pero es imposible, porque si hay algo que no he sido durante todo este tiempo es trascendental. Desde el primer día comprendí que no tenia tiempo para eso. Y aun siendo consciente de que estoy de vacaciones y por lo tanto en un auténtico globo, tengo la respuesta a la pregunta que le hice a Paris en mi primer texto: Et toi, Paris, tu m’aimes?
Pues creo que si, no sé como definirlo, pero Paris me envuelve y me hace sentir muy… mujer, muy attirant. En la vida me han mirado tanto ni del modo en que me miran aquí…
Asi que, con todo el dolor de mi corazón, me despido de ti, Paris, pero como bien sabes, todas las historias de amor acaban en un momento u otro. Y la nuestra es la mejor historia de amor que yo haya tenido en mi vida. Je t’aime, ouiii, je t’aimeee, dudududu dudu dudu dudu du du…
domingo 19 de julio de 2009
Momentos “Ser”
Pero nada comparado a mi súbito encuentro con el trotoir parisino. Esa especie de canalones traicioneros de las aceras de esta ciudad. Así debió morir Stiv Bators, seguro que no estaba drogado, sino que tropezó y tuvo menos suerte que yo. De todos modos, creo que solo me vio una chica que llevaba un bebé en brazos y que me miro con cierta compasión…
Bonjour, Tristesse, 14 de julio

Oh, la grandeurrrr
El día de la fiesta nacional fue el único día triste que he tenido desde que llegué a Paris. El único día que sentí el peso de la soledad. El único en el que me sentí abandonada. Aun así, no quería quejarme después de haberme lanzado de cabeza a experiencias que no tenían por qué salir bien. Así pues, decidí regalarme una buena cena en un lugar tranquilo, casi vacío. Ese día, por la calle solo veías a militares y turistas igual de perdidos. Los parisinos habían desaparecido. Yo misma, lo había hecho en la víspera (casi de forma involuntaria), fui a un lugar llamado Richeville y no volví hasta la mañana. Comí con Hervé, me desahogué un poco con él, fui a ver La Panthere Rose, con un profundo dolor de cervicales. Paseé desde el 9ème hasta el 6ème y al final me detuve en la plaza Saint Georges, en la terraza de un restaurante griego. El momento del día que decidí que ese día tenia que ser tan bueno como cualquier otro. La lección de que la felicidad de uno no depende de los otros ya la aprendí hace un buen rato. Con todo, hay cosas que nunca dejaran de dolerme, porque lo mucho o poco que haya aprendido tampoco me ha hecho de piedra.
La cena no me sentó muy bien. Tenia la regla y tuve que volver a casa y perderme los fuegos artificiales de la Tour Eiffel. Pero… Desde la ventana de esta buhardilla de Montmartre, hay una vista esplendida y pude ver a lo lejos los fuegos de alguna parte de la Banlieu. Me fui a dormir tranquila, con otra lección que también aprendí hace tiempo, una mala noche la tiene cualquiera.
